martes, noviembre 17, 2009

Algunas historias curiosas II


Debido a que el post Algunas historias curiosas Fue el que le dio auge a este blog hace algunos años, hoy traigo una recolecta de historias curiosas para complacer a las personas que me escriben y recuperar a los lectores que perdí por dejar el blog abandonado.

Espero las disfruten y aprendan valiosas lecciones:

La vanidad de Picasso.

Un día Picasso, estaba acompañado por “ La banda Picasso”; este grupo estaba formado por el poeta Guillaume Apolinaire, Jean Cocteau, Juan Gris, Georges Braque, el aduanero Henri Rouseau, el poeta y pintor Max Jacob, y otros.

Estos eran los artistas que vivían o frecuentaban Le bateau- Lavoir, que para esa época eran talleres-habitación que al comienzo del siglo XX compartían muchos artistas, lugar o mejor dicho, cantera del Arte Moderno. Habían venido a París en busca de enriquecerse intelectualmente, y también, lograr la fama; París era el sitio donde los artistas de todas las partes del mundo querían venir a trabajar y exponer.

Total, la historia no sé o no recuerdo muy bien donde ni la fecha exacta de esta anécdota; pudo haber sido en Montparnasse, en el Café la Coupola, lugar frecuentado por pintores, poetas e intelectuales a comienzos del siglo XX, o cuando, Picasso vivía en la Rue des Grands-Augustins, para ese entonces, década de los 30, ya que para esa fecha trabajaba para el marchante de arte Kahnweiler, o bien, yo pensaría, que fue cuando Picasso ya vivía en el sur de Francia, porque en realidad, pienso que cuando subsistían en el Bateua- Lavoir en Montmartre no tenían mucho dinero para ir al restaurante.

En ese momento era la miseria total…La historia narra, que el grupo había tomado y comido bastante y entre chistes y chistes, vino y más vino, comida y comer hasta la saciedad, hablar de arte, comentar sus últimos cuadros, sus poesías y hablar de sus conquistas amorosas, sobre todo Picasso que contaba las transformaciones, las cuales, se producían en su obra cuando tenía una nueva musa. Y es verdad, cuantas mujeres, cuantas tendencias en su obra… Las manecillas de los relojes habían dado varias vueltas, las horas y las horas pasaron y llegó el momento que había que pagar.

Cuando apareció esa hora crítica, todo los demás pintores se hicieron “los locos”y como sabían que él ya comenzaba a vender en dólares a los ricos coleccionistas americanos, pensaron que era él, el candidato para pagar y miraban con sumo interés a Picasso.

Muy hábilmente, Picasso retira los platos, cubiertos, botellas y resto de comida del mantel blanco. Inmediatamente, tomó su pluma e hizo un dibujo, y llamó a la dueña del restaurante para pagar con ese dibujo, los gastos del almuerzo, la propietaria se alegró y con una gran sonrisa le dijo a Picasso:

¿Me lo puede firmar por favor?

Y él le respondió: “Yo estoy pagando el almuerzo, no estoy comprando el restaurante”, y se fueron celebrando la genial respuesta de Picasso. Indudablemente, que esta historia se pasó cuando ya él era un artista conocido y su obra ya tenía un gran valor artístico- económico. "

Lección de Ghandi.

Gandhi, el líder espiritual de los hindúes, poseía una bondad increíble con todos.
Muchas de sus historias hablan de este detalle. Pero el siguiente episodio es diferente: uno de sus discípulos sentía celos y quería matarlo. Un día el maestro estaba paseando y reflexionando por un camino solitario. Desde la cima de una colina cercana, el traidor que lo acechaba le tiró una piedra grande que hizo rodar por la ladera. Por fortuna la piedra se trabó con un árbol y se detuvo antes de dar en el blanco.

Desde la distancia, Gandhi reconoció a su agresor pero no dijo nada y tampoco contó a nadie lo sucedido ese día. Mucho después se cruzaron los mismos dos hombres y Gandhi, sin vacilar, procedió a saludarlo con alegría y respeto. El hombre le preguntó muy sorprendido si no estaba enojado con él. Gandhi le respondió que no.

—Maestro, ¿puede decirme por qué no le ha dicho nada a nadie, y cómo ha hecho para no enojarse conmigo ahora mismo?

—"Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada."


La Flor de la honradez.

Se cuenta que en la China antigua, un príncipe estaba próximo a ser coronado emperador, pero, de acuerdo con la ley, debía casarse antes de la ceremonia. El príncipe decidió hacer un concurso entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio escuchó los comentarios sobre los preparativos, y sintió una leve tristeza porque sabía que su joven nieta tenía un profundo sentimiento de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contarle el plan del príncipe, se asombró de saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:

—¿Hija mía, que vas a hacer? Todas las muchachas más bellas y prósperas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura. Y la nieta respondió:
—No, querida abuela, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz. Llegada la noche, la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más hermosas prendas, las más lindas joyas y las más determinadas intenciones de ganarse el favor del príncipe.

El joven príncipe anunció el desafío:
—Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí como mi esposa y futura emperatriz de China. El tiempo pasó y la dulce joven, aunque no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla. Pasaron tres meses y nada brotaba. La joven intentó todos los métodos que conocía pero resultaron infructuosos. Cada día veía más lejos su sueño, pero su amor era aún más profundo. Al finalizar los seis meses nada había brotado. No obstante, consciente de su esfuerzo y dedicación pero sin posibilidades de ganar, la muchacha le comunicó a su abuela que regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos. A la hora señalada ella estaba allí, con su jarro lleno de tierra y sin flores, feliz por ver el hermoso rostro de su amado. Todas las otras pretendientes llevaban en sus macetas flores en las más variadas formas y colores. El príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de verlas a todas, una a una, anunció su conclusión: aquella bella joven con su jarro sin flores sería su futura esposa. Todos los presentes emitieron un gesto de sorpresa. Como nadie entendía por qué razón el príncipe había escogido justamente a la chica que no había presentado ninguna flor, explicó:

—"Esta joven —dijo el soberano—, cultivó una flor que la hace digna de convertirse en Emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles."

La respuesta de un sabio.

Un turista norteamericano fue a la ciudad de El Cairo, con el propósito de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.
—¿Dónde están sus muebles? —indagó el turista.
El sabio, casi sin inmutarse, rápidamente repuso:
—¿Y dónde están los suyos?
—¿Los míos? —objetó el turista, sorprendido por la pregunta—¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!
—Yo también... —remató el sabio.

Siempre es mejor callar y ser humildes

Un hombre erudito alquiló una barca para cruzar un río caudaloso. Al recibirlo, el barquero se expresó con frases pobres y mal construidas. El erudito le preguntó:
—Usted nunca ha estudiado gramática, ¿verdad?
—No, señor —contestó el barquero—, soy analfabeto.
—¿Supongo que tampoco sabrá historia, geografía ni aritmética?
—Tampoco, no sé nada de eso —respondió nuevamente el barquero, medio avergonzado.
—¿Por supuesto que tampoco sabrá nada de filosofía, arte o literatura? —volvió a preguntar el hombre culto con cierta pedantería.
—No, señor, sólo soy un pobre barquero ignorante —dijo el hombre ya totalmente humillado.
—Pues he de decirle que un hombre sin cultura es como si hubiera perdido la mitad de su vida —sentenció el erudito.

En ese momento, la barca, arrastrada por la corriente, fue a dar contra unas rocas y se partió en dos y cayeron barquero y erudito al río. El barquero preguntó: —Señor, señor, ¿usted sabe nadar? —¡No!, ¡no sé nadar! —gritó aquel hombre terriblemente asustado.
—Pues me temo que hoy va a perder no la mitad sino toda su vida. Dicho lo cual, el barquero se lanzó al río y se apartó nadando. Pero se alejó muy poco, regresó y salvó al fastidioso hombre quien, ciertamente humillado, no pronunció palabra hasta la orilla.

La Última cena.

La obra titulada La última cena, de Leonardo Da Vinci, fue pintada en un período de siete años. Las imágenes que representan a los doce apóstoles y a Jesús al parecer fueron retratos de personas reales. Cuando se supo que Da Vinci pintaría esa obra cientos de jóvenes se presentaron ante él para ser seleccionados. La persona que sería el modelo para ser Cristo fue la primera en ser seleccionada. Da Vinci buscaba un rostro que reflejara una personalidad inocente, pacífica y que a la vez fuera bien parecido. Buscaba un rostro libre de los duros rasgos que deja la vida intranquila del pecado. Finalmente, después de algunos intentos, seleccionó a un joven de 19 años de edad como modelo para representar la figura de Jesús.

Casi durante seis meses Leonardo trabajó para pintar al personaje principal de esta formidable obra. Durante los siguientes seis años continuó su obra buscando personas que representarían a doce apóstoles, dejando para el final a aquel que representaría a Judas.

Por muchas otras semanas estuvo Leonardo buscando a un hombre con una expresión dura y fría. Un rostro marcado por la decepción, la traición, la hipocresía y el crimen. Un rostro que identificara a una persona que sin duda traicionaría a su mejor amigo. Después de muchos fallidos intentos en la búsqueda de este modelo, llegó a los oídos de Leonardo que existía un hombre con estas características en el calabozo de Roma. Este hombre estaba sentenciado a muerte por haber llevado una vida de robo y asesinatos. Da Vinci vio ante él a un hombre cuyo maltratado cabello largo caía sobre su rostro escondiendo unos ojos llenos de rencor, odio y ruina: al fin había encontrado a quien modelaría a Judas en su obra. Gracias a un permiso de sus carceleros, el prisionero fue trasladado a Milán al estudio del maestro.

Por varios meses este hombre se sentó silenciosamente frente a Leonardo mientras el artista continuaba con la ardua tarea de plasmar en su obra al personaje que había traicionado a
Jesús. Cuando le dio la última pincelada a su obra, se dirigió a los guardias del prisionero y les
dijo que se lo llevaran. Cuando salían del recinto, el prisionero se soltó de los guardias y corrió hacia Leonardo Da Vinci gritándole:
—¡Da Vinci! ¡Obsérvame! ¿No reconoces quién soy?
Leonardo Da Vinci lo estudió cuidadosamente y le respondió:
—Nunca te había visto en mi vida hasta aquella tarde en el calabozo de Roma.

El prisionero levantó los ojos al cielo, cayó de rodillas y gritó desesperadamente:

—Leonardo Da Vinci, ¡mírame nuevamente: yo soy aquel joven cuyo rostro escogiste para representar a Cristo hace siete años...!

El diccionario de los niños.

Definiciones escritas por niños de primaria:

- ANCIANO: Es un hombre que se mantiene sentado todo el día. (Mary Luz Arbeláez, 9 años)
BLANCO: El blanco es un color que no pinta. (Jonathan de J. Ramírez, 11 años)
CIELO: Donde sale el día.(Duván Arnulfo Arango, 8 años)
COLOMBIA: Es un partido de fútbol.(Diego Alejandro Giraldo, 8 años)
GUERRILLA: Es un montón de policías. (Blanca Nidia Loaiza, 11 años)
MAESTRO: Es una persona que no se cansa de copiar. (María José García, 8 años)
MAFIOSO: Es una persona con mucha plata y que no le gusta nada. (Luis Ocampo, 10 años)
POLÍTICO: Es una persona que nos acaba o ayuda, depende de su situación económica. (Pastor Ernesto Castaño, 11 años)
SEXO: Es una persona que se besa encima de la otra. (Luisa Fernanda Potes, 8 años)
SOL: El que seca la ropa. (Diego Alejandro Giraldo, 8 años)
TRANQUILIDAD: Que el papá le diga que le va a pegar y que después le diga que ya no. (Blanca Yuli Henao, 10 años)
UNIVERSO: Es un concurso para las reinas. (Walter de Jesús Arias, 10 años)

La mayoria de estas historias fueron tomadas del libro "La culpa es de la vaca II"

1 comentario:

  1. Anónimo1:16 p.m.

    Estoy perpleja con la historia de Da Vinci

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